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 Dic – Ene 2010
 

Los dos hilos de la CFE

Por Purificación Carpinteyro

En fechas recientes, el sector de telecomunicaciones ha recuperado la esperanza de crecimiento. Por primera vez, el desarrollo del sector a través de la convergencia, competencia y cobertura, es expresamente considerado cómo prioritario, y es una de las 10 reformas estructurales que el Presidente pretende llevar a cabo en lo que resta de su gobierno, de acuerdo a lo anunciado en su discurso relativo al tercer informe de gobierno.
Consistente con ese anuncio, un par de meses antes, el Secretario de Comunicaciones y Transportes, Juan Molinar Horcasitas, hizo dos anuncios de trascendencia. El primero, la decisión de licitar dos hilos de fibra óptica de la red de más de 21 mil kilómetros desplegada por la CFE a lo largo de su tendido de líneas eléctricas. Y el segundo, que compromete finalmente a la SCT a llevar a cabo las tan anunciadas licitaciones de frecuencias.
Lo de la licitación de frecuencias es sensacional. Las frecuencias, a diferencia de las reservas petroleras, no se agotan con su explotación. Pese a ello, el Estado lleva casi 10 años sin ponerlas a disposición de los operadores celulares en las regiones en donde más las requieren.
Para algunas de estas empresas, contar con más frecuencias no es un lujo, es un insumo indispensable para continuar prestando servicios y seguir creciendo su ya prolífera base de clientes. Además, sin más frecuencias, los operadores celulares tienen razón en argumentar que están limitados para introducir nuevas tecnologías que permiten mayor capacidad y velocidad en la transmisión de datos, fundamental para la penetración de internet en la sociedad.
Pero además se tiene la vieja deuda de la licitación de frecuencias para la creación de nuevas redes de telefonía fija inalámbrica –tecnología Wi-Max, como se le conoce en el medio. Desafortunadamente, el espectro radio-eléctrico en la banda de los 2.5 GHz., en la que se ha desarrollado el estándar con mayor escala, no se encuentra disponible en México; y hasta ahora, no se ha hecho anuncio respecto a licitaciones para la implantación de esa tecnología, indispensable para resolver el problema de conectividad de las redes con los clientes, eliminando el cuello de botella que implica la llamada “última milla”.
Sin embargo, antes de celebrar la decisión de licitar dos hilos de fibra óptica de la red de la CFE, es necesaria la reflexión y la respuesta a varias incógnitas.
La primera de ellas es si apenas dos hilos de fibra óptica son suficientes para crear esa “tercera red troncal” a que hizo alusión el presidente en su anuncio hace unos meses. La respuesta parecería obvia cuando se considera que la propia CFE defiende que para su eficiente operación requiere de por lo menos seis hilos. Tomando esto en cuenta y considerando que por grande que sea la CFE, es una sola empresa. Entonces ¿cómo esperar que una “tercera red troncal” de apenas dos hilos tenga la capacidad para satisfacer la necesidad de miles de empresas y millones de mexicanos? y ¿cómo creer que esa red pueda realmente competir con las otras “dos redes troncales”, cuando con apenas dos hilos está en franca desventaja?
Asumiendo que dos hilos de fibra óptica son insuficientes para la creación de esa “tercera red troncal”, entonces la siguiente incógnita a resolver es ¿porque no licitar más? Que quede claro que no es por falta de disponibilidad, ya que en más del noventa porciento de su red la CFE cuenta con al menos doce hilos, y en casi el sesenta porciento tiene 36 ¿porqué no licitar seis o hasta 30 hilos?
Sabemos que CFE tiene ambiciones, que ya ejerce, de convertirse en un jugador en el sector de telecomunicaciones. De hecho, es una de las tres redes troncales a que hizo alusión el presidente. Cómo es de esperarse, la CFE quiere retener el mayor número de hilos posible para ofrecer servicios de telecomunicaciones, inclusive hasta llegar al usuario final. Pero ¿puede la CFE como empresa paraestatal, dedicarse a otros fines que no sean los del objeto de su creación? O lo que es más relevante aún ¿debe la CFE desviar su atención del objetivo para el que fue creada, para participar y competir en un mercado que el Estado decidió privatizar hace casi 20 años?
Son cuestiones que ameritan un análisis cuidadoso. Baste considerar que el tamaño de la red de CFE es de apenas una cuarta parte de la red de Telmex, que tiene una extensión de aproximadamente 80 mil kilómetros. Con su red actual la CFE cubre apenas el 50 porciento de la población, y para llegar al 75 porciento la CFE tendría que invertir mucho más de cinco mil millones de pesos.
No es lógico pensar que en la situación por la que atraviesa nuestra economía, el Estado pueda darse el lujo de destinar esa cantidad de recursos para el crecimiento de la red de la CFE, sobre todo cuando existe la alternativa de que sea el sector privado el que aporte las inversiones requeridas. Como ejemplo ¿por qué el Estado no licita las fibras junto con el derecho/obligación de quien resulte ganador, de invertir para la expansión de la red de fibra óptica? De esta manera, los interesados tendrían en contraparte, la obligación de crecer la red para tener verdadero impacto y una mayor penetración en la población.
Es verdad que una licitación que empaquete las fibras junto con el derecho/obligación de invertir en la ampliación de la red, resultará en un pago menor o inclusive, demandará de estímulos adicionales como podría ser la asignación de frecuencias. Pero es de suponer que la licitación no tiene como objetivo la recaudación de recursos por el Estado, que finalmente serán repercutidos en el precio de los servicios que los usuarios finales tendrán que pagar.
Claro, esto a menos de que la CFE planee destinar esos ingresos al crecimiento de su red. Pero aún en ese caso, los recursos que la CFE obtenga de la licitación serán insuficientes para realmente tener un impacto en términos de penetración.
En consecuencia, si la CFE tiene contemplado utilizar los recursos de la licitación para ampliar su red, es altamente probable que un porcentaje importante de la población continúe sin más opción que la de Telmex, es decir, se mantenga en las condiciones actuales sin beneficiarse de mejores precios y mayor calidad, que es lo que el teóricamente el Ejecutivo pretende con esta medida.
Todo parece indicar que el Ejecutivo se está conformando con dar unos pasos cuando podría dar un salto cuántico, para el desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones del país.
Ojalá que ahora que el Presidente ha mostrado su voluntad política de dinamizar las telecomunicaciones, tome en consideración que por esta vez no necesita negociar con partidos políticos. Que no está forzado a transigir para llegar a la reforma posible y que está en sus atribuciones el decidir por la reforma ideal. Esta es la oportunidad de generar un verdadero impacto y dejar un legado para el futuro del país.

 

 
 
 
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